Prostitutas sida prostitutas africanas madrid

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El mismo interrogante que se planteó el equipo de la Universidad de Manitoba, que ha establecido una pequeña base para estudios de grupo en Majengo. El director del proyecto, Frank Plummer, ahora eminente director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades Infecciosas en Ottawa, se quedó asombrado ante los descubrimientos.

La urgencia y el ritmo de las investigaciones en Nairobi no se empezó a acelerar hasta hace tan sólo unos años. El VIH, el virus causante del sida, ha demostrado ser un enemigo desalmado, adaptable y astuto, y la certeza inicial de que la ciencia encontraría un remedio parece haberse evaporado.

No obstante, sí se han podido descubrir algunas pistas. Parece, por ejemplo, que la mayoría de las mujeres inmunes mantienen un vínculo genético, pero estos lazos no producen un patrón definitivo ni la garantía de que la inmunidad pueda heredarse. Una de las hijas de Salomé falleció hace poco a causa del sida. También resulta extraño que la inmunidad se desvanezca si se detiene la actividad sexual. Las pruebas sanguíneas han demostrado que las mujeres que han tomado un descanso en su trabajo, como suele ocurrir con las prostitutas de Nairobi -cada año regresan a sus aldeas-, sufren un acusado descenso de su respuesta inmune.

Algunas han contraído el virus al regresar al trabajo. Y la inmunidad de la mujer no es absoluta. Cuando se introduce el VIH en sus muestras de sangre, se contagia como ocurriría en situación normal. En inmunología, el primer lugar donde suelen buscarse respuestas es en la sangre, y tal vez éste haya sido el error. Nos hemos centrado durante demasiado tiempo en algo equivocado.

Una explicación posible es que el tracto genial femenino de estas mujeres keniatas, estimulado por el exceso de actividad sexual, haya desarrollado unos anticuerpos poderosos capaces de destruir el VIH. Al parecer, son las células T las que consiguen contener el virus. Pero no lo eliminan. En realidad el virus y el sistema inmunológico quedan trabados en una lucha igualada que puede extenderse durante años. Las células T "no dejan de perseguir el virus", explica, "pero el virus siempre les lleva la delantera.

Pero si se vacuna al enfermo, entonces su sistema inmunológico arranca con ventaja". Por tanto, lo que han hecho McMichael y su equipo ha sido crear una vacuna a partir del ADN de los epítopos que reconocen las células asesinas. Los científicos se han asegurado de obtener estos fragmentos de aquellas partes del VIH que son incapaces de mutar y eludir el ataque de las células T. Algunos de los epítopos de la vacuna son aquellos que desencadenan la respuesta de células asesinas en las prostitutas de Pumwani, expuestas al virus pero no infectadas.

Es posible que al reforzar el sistema inmunológico con la vacuna el organismo pueda eliminar el virus antes de que se asiente. Afirma, por ejemplo, que no es capaz de recordar la primera vez que mantuvo relaciones sexuales por dinero.

Pero en cambio se deleita en recordar los contados momentos de buena fortuna, como el hecho de no haber contraído el sida. Al igual que Joyce, formó parte del primer grupo de estudio que Plummer organizó en , y tampoco dio positivo en las pruebas del VIH. Se jactaba de ser inmune. Pero ahora, cuando le preguntan sobre su inmunidad al sida contesta con incoherencias, y confiesa que debe tener cuidado, pues los hombres son "muy astutos" y se las arreglan para quitarse el preservativo.

La vida de las prostitutas de Pumwani es muy dura. Cuando contraen el VIH desarrollan el sida en sólo cuatro años , mucho antes que las mujeres de Kenia que no se dedican a la prostitución, por no hablar de las mujeres de los países desarrollados. Las prostitutas, afirma Plummer, llevan una vida "increíblemente violenta". En Selina fue violada repetidas veces. Hasta ese momento llevaba once años dando negativo en las pruebas del HIV. Pero poco después de la violación dio positivo.

Tiene las venas salientes y brotadas, como gruesos verdugones que recorren sus extremidades. Sin embargo, se ha negado obstinadamente a conocer los resultados de las pruebas del sida, explica Kimani. Plummer y Kimani creen que en el caso de Selina el trauma de la violación pudo haber debilitado su sistema inmunológico.

Sin embargo, el resto de las mujeres que a la larga también dieron positivo parecen compartir otro factor de riesgo: Cuando se produce una infección, el organismo mantiene un alto nivel de células T durante un largo periodo de tiempo. Por tanto, es posible que estas mujeres conserven la inmunidad debido a su exposición constante, de bajo nivel, al VIH de sus clientes.

Cuando las mujeres se toman unas vacaciones de la prostitución, las células asesinas declinan y aumenta la vulnerabilidad del organismo al virus. A fin de cuentas, los investigadores tenían esperanzas de que la inmunidad durara toda la vida , o al menos durante muchos años. Pero McMichael interpreta de otra manera los casos de infección reciente entre las prostitutas. Kimani ha descubierto que la resistencia al virus es un rasgo hereditario, lo que sugiere un factor genético. Pero el hecho de que las mujeres de Pumwani pueden contraer la enfermedad a la larga es en realidad "una buena noticia", opina McMichael.

Incluso las células de dos personas infectadas por la misma cepa presentan a menudo distintos epítopos virales en la membrana exterior. No obstante, la vacuna de McMichael sólo emplea 44 epítopos y un gen viral entero.

De hecho, los científicos africanos participan activamente en la investigación del sida, aportando ideas y realizando un importante trabajo de laboratorio, e insisten en que se realicen en sus países los ensayos clínicos de las nuevas vacunas y que se desarrollen vacunas contra las cepas del virus que les afectan. Mientras los africanos hacen el mayor esfuerzo posible, en el resto del mundo, los expertos en sida también conceden prioridad al desarrollo de vacunas.

Ella no vive aquí, alquila también otro cuarto un poco mayor que éste en el otro extremo de Majengo, una barriada miserable a las afueras de Nairobi. Comparte ese cuarto con sus tres hijos menores, de los cinco que tiene. Este cuarto es exclusivamente para el negocio. Cuando ella llega por las mañanas se pone a barrer el suelo de su cuarto y la pequeña franja del callejón que le corresponde.

Se prepara una taza de té, se lo bebe en el abollado cacito de hojalata y va colocando los vestidos sobre la cama. Coloca una banquetilla de madera de tres patas en el callejón, justo delante de su puerta, y se sienta a esperar a los clientes. Una vez dentro, se fija la tarifa. Por lo general, el precio va de los 50 a los chelines de 50 a 65 céntimos de euro. Se quita entonces la bata y se tiende sobre la cama con los brazos sobre la cabeza.

No besa a sus clientes ni les estimula con susurros o con frases ardientes. Se trata de una simple y mera transacción. Cuando empezó a desesperarse pensando en cómo podría ganar algo de dinero y sobrevivir en la ciudad, alguna de sus vecinas le sugirió que intentase umalaya, es decir, que practicase la prostitución.

Tenía hijos a los que alimentar". Así que, con no pocas reticencias por su parte, empezó a sentarse a la puerta de su casa y a intentar llamar la atención de los hombres que pasaban. Nunca pudo imaginarse en aquellas primeras semanas que ésta sería su forma de vida en sus próximos 30 años. Hoy día, miles de mujeres se dedican a la prostitución en las callejuelas de Majengo y de otros suburbios marginales de Nairobi, pero tan sólo una o dos de las compañeras que Agnes tuvo en los primeros tiempos sigue con vida:

Los días con suerte, hasta El interés de los científicos por ella parece divertirla. Las nociones educadas y desarrolladas del sexo seguro tardaron mucho en llegar hasta allí. El mismo interrogante que se planteó el equipo de la Universidad de Manitoba, que ha establecido una pequeña base para estudios de grupo en Majengo.

El director del proyecto, Frank Plummer, ahora eminente director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades Infecciosas en Ottawa, se quedó asombrado ante los descubrimientos.

La urgencia y el ritmo de las investigaciones en Nairobi no se empezó a acelerar hasta hace tan sólo unos años.

El VIH, el virus causante del sida, ha demostrado ser un enemigo desalmado, adaptable y astuto, y la certeza inicial de que la ciencia encontraría un remedio parece haberse evaporado. No obstante, sí se han podido descubrir algunas pistas. Parece, por ejemplo, que la mayoría de las mujeres inmunes mantienen un vínculo genético, pero estos lazos no producen un patrón definitivo ni la garantía de que la inmunidad pueda heredarse.

Una de las hijas de Salomé falleció hace poco a causa del sida. También resulta extraño que la inmunidad se desvanezca si se detiene la actividad sexual. Las pruebas sanguíneas han demostrado que las mujeres que han tomado un descanso en su trabajo, como suele ocurrir con las prostitutas de Nairobi -cada año regresan a sus aldeas-, sufren un acusado descenso de su respuesta inmune.

Algunas han contraído el virus al regresar al trabajo. Y la inmunidad de la mujer no es absoluta. Cuando se introduce el VIH en sus muestras de sangre, se contagia como ocurriría en situación normal. En inmunología, el primer lugar donde suelen buscarse respuestas es en la sangre, y tal vez éste haya sido el error. Nos hemos centrado durante demasiado tiempo en algo equivocado. Una explicación posible es que el tracto genial femenino de estas mujeres keniatas, estimulado por el exceso de actividad sexual, haya desarrollado unos anticuerpos poderosos capaces de destruir el VIH.

Y si el exceso de actividad sexual es lo que los científicos esperan estudiar, no hay lugar mejor donde fijarse que en los microburdeles de una ciudad de chabolas en cualquier ciudad africana. Salomé creció en Bukoba, un pequeño pueblo de la vecina Tanzania, donde se casó y tuvo tres hijos.

Cuando su marido la abandonó, se trasladó a Nairobi en busca de trabajo. Cada año son docenas de miles de africanos pobres y rurales los que tienen la misma idea, por lo que la competencia en este trabajo es muy fuerte.

El organismo comienza a producir millones de linfocitos T que atacan las células infectadas por el VIH y también segrega moléculas especiales que paralizan el virus. Los anticuerpos contra el VIH tardan en aparecer unas dos semanas, a veces hasta un par de meses, y todo indica que no surten mucho efecto.

Al parecer, son las células T las que consiguen contener el virus. Pero no lo eliminan. En realidad el virus y el sistema inmunológico quedan trabados en una lucha igualada que puede extenderse durante años. Las células T "no dejan de perseguir el virus", explica, "pero el virus siempre les lleva la delantera. Pero si se vacuna al enfermo, entonces su sistema inmunológico arranca con ventaja".

Por tanto, lo que han hecho McMichael y su equipo ha sido crear una vacuna a partir del ADN de los epítopos que reconocen las células asesinas. Los científicos se han asegurado de obtener estos fragmentos de aquellas partes del VIH que son incapaces de mutar y eludir el ataque de las células T.

Algunos de los epítopos de la vacuna son aquellos que desencadenan la respuesta de células asesinas en las prostitutas de Pumwani, expuestas al virus pero no infectadas. Es posible que al reforzar el sistema inmunológico con la vacuna el organismo pueda eliminar el virus antes de que se asiente. Afirma, por ejemplo, que no es capaz de recordar la primera vez que mantuvo relaciones sexuales por dinero. Pero en cambio se deleita en recordar los contados momentos de buena fortuna, como el hecho de no haber contraído el sida.

Al igual que Joyce, formó parte del primer grupo de estudio que Plummer organizó en , y tampoco dio positivo en las pruebas del VIH. Se jactaba de ser inmune. Pero ahora, cuando le preguntan sobre su inmunidad al sida contesta con incoherencias, y confiesa que debe tener cuidado, pues los hombres son "muy astutos" y se las arreglan para quitarse el preservativo.

La vida de las prostitutas de Pumwani es muy dura. Cuando contraen el VIH desarrollan el sida en sólo cuatro años , mucho antes que las mujeres de Kenia que no se dedican a la prostitución, por no hablar de las mujeres de los países desarrollados. Las prostitutas, afirma Plummer, llevan una vida "increíblemente violenta".

En Selina fue violada repetidas veces. Hasta ese momento llevaba once años dando negativo en las pruebas del HIV. Pero poco después de la violación dio positivo.

Tiene las venas salientes y brotadas, como gruesos verdugones que recorren sus extremidades. Sin embargo, se ha negado obstinadamente a conocer los resultados de las pruebas del sida, explica Kimani. Plummer y Kimani creen que en el caso de Selina el trauma de la violación pudo haber debilitado su sistema inmunológico.

Sin embargo, el resto de las mujeres que a la larga también dieron positivo parecen compartir otro factor de riesgo: Cuando se produce una infección, el organismo mantiene un alto nivel de células T durante un largo periodo de tiempo. Por tanto, es posible que estas mujeres conserven la inmunidad debido a su exposición constante, de bajo nivel, al VIH de sus clientes. Cuando las mujeres se toman unas vacaciones de la prostitución, las células asesinas declinan y aumenta la vulnerabilidad del organismo al virus.

A fin de cuentas, los investigadores tenían esperanzas de que la inmunidad durara toda la vida , o al menos durante muchos años. Pero McMichael interpreta de otra manera los casos de infección reciente entre las prostitutas. Kimani ha descubierto que la resistencia al virus es un rasgo hereditario, lo que sugiere un factor genético. Pero el hecho de que las mujeres de Pumwani pueden contraer la enfermedad a la larga es en realidad "una buena noticia", opina McMichael.

Incluso las células de dos personas infectadas por la misma cepa presentan a menudo distintos epítopos virales en la membrana exterior. No obstante, la vacuna de McMichael sólo emplea 44 epítopos y un gen viral entero. De hecho, los científicos africanos participan activamente en la investigación del sida, aportando ideas y realizando un importante trabajo de laboratorio, e insisten en que se realicen en sus países los ensayos clínicos de las nuevas vacunas y que se desarrollen vacunas contra las cepas del virus que les afectan.

Mientras los africanos hacen el mayor esfuerzo posible, en el resto del mundo, los expertos en sida también conceden prioridad al desarrollo de vacunas.

Si bien antes había mucho pesimismo con respecto a las vacunas contra el sida, la mayoría de los científicos piensa ahora que su desarrollo es viable. Pero este año, en tres distintas ocasiones, miles de trabajadores sanitarios se internaron en las zonas rurales para derramar un milagroso brebaje rosado en la boca de millones de bebés congoleños.

En una aldea situada a las afueras de la ciudad de Mbuji-Mai, las madres levantaban orgullosas a sus niños mientras la población entera celebraba la campaña de vacunación. Éste es el sueño de los científicos que trabajan en una vacuna contra el sida. Pero es también su pesadilla, porque a pesar de que la vacuna contra la polio es barata y eficaz, ha habido que esperar hasta ahora para eliminar esta enfermedad, cuarenta años después de haber sido erradicada de Estados Unidos.

International AIDS Vaccine Initiative , que ha allanado el camino para llevar a cabo algo que no ha ocurrido nunca antes: Ha llevado su campaña al Banco Mundial, a Estados Unidos, el G7 y otras organizaciones con la bolsa bien llena y dispuestas a escucharlo para crear un fondo que permita la distribución de una vacuna del sida en el Tercer Mundo. IAVI ha empleado este dinero para impulsar el desarrollo de vacunas prometedoras.

Fundamentalmente, IAVI negocia acuerdos que conceden al fabricante la alternativa de hacer la vacuna asequible a los países en desarrollo.

Pero si estos se niegan, explica Berkley, "IAVI mantiene una serie de derechos que le permiten hacer llegar la vacuna a estos lugares". De vuelta en la clínica de Pumwani, Kimani, nuestro joven médico, dice: Incluso cuando el mundo los presiona, los científicos siempre avanzan a rastras. Hasta que llegue ese momento, Kimani nos explica qué hacen en su clínica cuando la muerte comienza a acechar a alguna paciente.

Kimani se mantiene en silencio unos instantes antes de proseguir. A lo que añade, casi a gritos:

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Una de las hijas prostitutas sida prostitutas africanas madrid Salomé falleció hace poco a causa del sida. Esto ocurrió en Incluso prostibulo en cuba prostitutas de lujo españolas células de dos personas infectadas por la misma cepa presentan a menudo distintos epítopos virales en la membrana exterior. Fundamentalmente, IAVI negocia acuerdos que conceden al fabricante la alternativa de hacer la vacuna asequible a los países en desarrollo. Una explicación posible es que el tracto genial femenino de estas mujeres keniatas, estimulado por el exceso de actividad sexual, haya desarrollado unos anticuerpos poderosos capaces de destruir el VIH. Joyce, quien pidió mantenerse en el anonimato, llegó a Nairobi procedente de Tanzania. Necesitas que esté bien duro porque, si no, se resiente la espalda cuando los hombres se te echan encima". Cuando se introduce el VIH en sus muestras de sangre, se contagia como ocurriría en situación normal. Sin embargo, Agnes seguía estando sana, año tras año. Ella no vive aquí, alquila también otro cuarto un poco mayor que éste en el otro extremo de Majengo, una barriada miserable a las afueras de Nairobi. Sólo se sabe que en el investigador canadiense Frank Plummer estaba investigando los casos de gonorrea y clamidia entre las trabajadoras del sexo de Pumwani y se le ocurrió someter a estas mujeres también a la prueba del VIH. No obstante, la vacuna de McMichael sólo emplea 44 epítopos y un gen viral entero. Hace cinco años, un equipo de inmunólogos de la Universidad de Oxford creó una vacuna experimental basada en las investigaciones de Nairobi, pero los resultados fueron tan decepcionantes que terminó por abandonarse el proyecto.

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